Transgénicos ¿Quien acabará con ellos las leyes o la naturaleza?

Las noticias sobre alimentos transgénicos son cíclicas y generan mucha polémica. Si bien es cierto que hay mucha desinformación, también lo es que no interesa ahondar en ello, cuanto menos se sepa mejor.

Recientemente la Unión Europea ha rechazado una propuesta del gobierno francés que pretendía prohibir la plantación del maíz genéticamente modificado de Monsanto (maíz transgénico MON810) basándose en que es un cultivo perjudicial para el medio ambiente. Aunque se presentaron estudios científicos que respaldaban las propuesta, finalmente la autoridad europea encargada de la seguridad alimentaria (EFSA) sentenció textualmente:

“No existen evidencias científicas específicas en términos de riesgo para la salud humana y animal o de amenaza para el medio ambiente”.

Para la EFSA no solo no es perjudicial sino que podría emprender acciones contra Francia porque en la UE los países miembros no pueden prohibir el cultivo, consumo o comercialización de alimentos sin que haya una situación real de riesgo para la salud humana, animal o medio ambiente. La lucha de Francia contra Mosanto y su maíz viene de lejos y se supone que va a seguir existiendo pese al cambio de gobierno (si sus políticos son coherentes y mantienen sus promesas no como los nuestros) porque podrían, tal como sucede en Alemania, Francia, Grecia, Austria, Hungría y Luxemburgo, tener clausulas específicas prohibiendo el cultivo de ese maíz.

Alimentos transgenicos tomate

Aunque quizás en esta lucha estos países tengan una ayuda inesperada de la naturaleza en sí misma ya que si la ventaja de los cultivos modificados genéticamente era su resistencia a las plagas y las malas hierbas su efectividad se está viendo seriamente comprometida puesto que las malas hierbas se vuelven resistentes al Roundup (herbicida de monsanto) y las malas hierbas inundan los campos de maíz, soja, algodón y colza en los campos de Estados Unidos.

Con los herbicidas sucede lo mismo que con los antibióticos y al usarlos con demasiada frecuencia, pierden su efectividad debido a que las plantas desarrollan resistencia a esas sustancias y el consumo de glifosato (principio activo del Roundup) se incrementó en los campos de maíz de 1,8 millones de toneladas en el año 2000 a 30 millones de toneladas el año pasado.

La solución a esta resistencia no pasa por echar más cantidad, lo que solo sería una tregüa hasta que las plantas volviesen a adaptarse, sino que tendrían que actuar exactamente igual que con los antibioticos, añadiendo otro herbicida o variando la fórmula. Pero a este punto los agricultores se sienten estafados por las promesas incumplidas y ven como el Amaranto, entre otras especies, crece entre sus semillas de diseño.

El mayor peligro de los transgénicos no reside en los daños que pueden generar, sino en que al inventar las semillas estas son susceptibles de patentarse y llegará a un punto en que si un día quieres plantar maíz tendrás que pagar un canon a la empresa que la inventó.

Los daños de los transgénicos pueden (y son) mucho más perjudiciales de lo que cualquier investigación científica pueda demostrar.

 
Más información:
EFSA
Le fígaro

 

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