Fructosa, su relación con el apetito y la obesidad

Dicen que una imagen vale más que mil palabras y en este estudio las imágenes han sido la clave para demostrar lo que el Dr. Robert Lusting y otros han dicho y repetido mil veces:

La fructosa no es tan inocua como dicen nuestras autoridades y las dietas con alto contenido en fructosa pueden estar relacionadas con los altos índices de obesidad que existen en la actualidad en las sociedades más «desarrolladas«

imagenes del cerebro

En el estudio se compararon los efectos de fructosa y glucosa sobre el cerebro, comparando los resultados en las imágenes del cerebro tomadas por resonancia magnética (IRM) a 20 adultos sanos y no obesos. Se diseñó este estudio con el objetivo de determinar cuáles son los factores neurofisiológicos que podrían explicar, examinando los cambios en el flujo sanguíneo en ciertas partes del cerebro, los posibles vínculos entre el consumo de fructosa y el aumento de peso.

Lo más interesante era ver los cambios en el flujo sanguíneo de la región cerebral donde está el hipotálamo, la ínsula y el cuerpo estriado, después de la ingestión de glucosa o fructosa y también la diferencia en las respuestas hormonales .

El resultado fue que  la ingestión de glucosa reducía el flujo sanguíneo y la actividad cerebral en las regiones del cerebro que regulan el apetito,  la motivación y el procesamiento de la recompensa y que también se incrementaron las conexiones funcionales entre la red hipotálamo-estriatal y había mayores niveles de las hormonas que producen sensación de saciedad, pero con la fructosa no sucedía lo mismo

Quedando claro que el cerebro responde de manera diferente a la glucosa que a la fructosa. Y al igual que en estudios llevados a cabo en animales, la fructosa aumenta el comportamiento de búsqueda de alimentos y, consecuentemente, aumenta la ingesta de alimentos. El hecho de ingerir fructosa no hace que nos sintamos saciados. Cuando la señal de la ingesta de fructosa entra en el cerebro humano, cambia las vías neurobiológicas que controlan el apetito de una manera que simplemente hace que quieras comer más.

Además se comprobó mediante análisis que el consumo de fructosa en comparación con el consumo de glucosa hacía que aumentase en menor proporción los niveles de glucosa, insulina y glucagón. Cuando el organismo está falto del combustible que usa habitualmente (combustible en dietas altas de hidratos de carbono) se activan las células para conseguir que el nivel necesario o requerido de glucosa. En presencia de una ingesta de fructosa no se consiguen los niveles adecuados y las células siguen demandando más alimento, algo que nos impulsan a seguir comiendo.

* Explico el párrafo anterior: Erróneamente aún hay muchos científicos que consideran la insulina como una hormona relacionada con la saciedad, y Dobromylskyj desmiente tales falacias en este artículo (enlace a Hyperlipid)

¿Donde está la fructosa en tu dieta?

Si no se consumen alimentos altamente procesados, la principal fuente sería la fruta, pero en la fruta natural y fresca, la fibra hace que los azúcares se liberen más lentamente ralentizando el proceso. En los alimentos procesados la fructosa se usa como estabilizante, para dar color y también como edulcorante ya que es más dulce que la glucosa.

El jarabe de maíz de alta fructosa tan ampliamente usado en zumos de frutas, refrescos y demás productos dulces está cada vez más cerca de convertirse en uno de los factores responsables de la epidemia de obesidad y diabetes tipo 2 que sufrimos. Aquí, de nuevo, no vale contar calorías, los hidratos de carbono y azúcares tienen 4 calorías por gramo, pero por mucho que todos los azúcares se contabilicen de igual modo, no se metabolizan de igual forma y lo que realmente importa es como afecta a nuestro organismo, como respondemos a su ingesta y si consumir fructosa nos está beneficiando o no.

Lo que queda preguntarse es, ¿Cuantos años se tardará en ver los zumos de frutas, refrescos y demás bebidas azucaradas como una de las causas de la obesidad infantil de la que cada vez hay más casos?. O, ¿Cuantos estudios son necesarios para demostrar, tal como afirmaba el Dr. Lusting, que la fructosa no por más natural es en absoluto necesaria en una dieta saludable?. Lo seguro es que tardaremos muchos años en desmitificar la fruta como alimento sano y totalmente saludable. Hoy por hoy lo que deberíamos es principalmente eliminar las fuentes de fructosa no naturales y moderar el consumo de las fuentes naturales, aprovechando así que las informaciones que ya tenemos hoy en día a nuestra disposición y nuestros hábitos no se conviertan en los lamentos del mañana.

Más información:
– Enlace al estudio que relacionaba la ingesta de fructosa con el incremento de diabetes tipo 2
– «Effects of Fructose vs Glucose on Regional Cerebral Blood Flow in Brain Regions Involved With Appetite and Reward Pathways«; Page KA, Chan O, Arora J, and others; JAMA 2013;309(1):63-70; DOI:10.1001/jama.2012.116975 abstract
– «Fructose Ingestion and Cerebral, Metabolic, and Satiety Responses«; Purnell JQ, Fair DA. JAMA2013;309(1):85-86; DOI:10.1001/jama.2012.190505; Link to Abstract.
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