Crónica de un parto

Lo primero es decir que en mi parto hubo dolor, sangre, heces, olor a vísceras y más sangre. Quien espere una crónica edulcorada mejor que deje de leer. Ha sido una de las experiencias más extrañas e intensas de mi vida pero la recuerdo apegada a la realidad y no precisamente una realidad dulce y suave.

cronica de un Parto

Llegados a la semana 41 con 4 días tenía que ingresar para que me indujesen el parto. Los días previos había leído la crónica del parto de Avencia y me producía mucha tristeza el no poder dilatar en mi casa, pero ni siquiera el comentario de Bego fue premonitorio y con más nervios que ganas tuve que ingresar para comenzar el tratamiento. Mi idea de un parto en el hospital era muy similar a lo que le sucedía a Luis Tosar en aquel vídeo de la asociación el parto es nuestro:

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Esa era mi referencia, junto con la experiencia de mis familiares que habían parido en el mismo hospital. Asustada pero resignada me fui al hospital. Me ingresan me ponen el camisón, un montón de preguntas y comienza la tortura con la colocación de la vía… 3 intentos de perforación y mi fobia a las agujas haciéndome llorar como una cría. 

Primera parte: Gel de prostaglandinas

La inducción comienza con un tratamiento de 24h que consta de un dispositivo plástico que introducen en la vagina para estimular la dilatación. Si no fuese suficiente para comenzar las contracciones pasadas las 24h retirarían el dispositivo y comenzarían a suministrarme oxitocina.

Eran las 10.00 am y la ginecóloga que me introdujo el dispositivo no fue la suavidad personificada. Tras monitorizar al bebé me suben a planta. Toca esperar.

La prostaglandina es una hormona que estimula las contracciones, ayuda a que el cuello uterino madure, se borre más rápido, esto es que se afine, y se prepare para el trabajo del parto. Las contracciones comienzan más rápido y se aceleran.

El comienzo del parto (alrededor de las 19.00h) fue similar a los dolores previos a una regla dolorosa, en mi caso los síntomas fueron los mismos en forma de calambres en los muslos. Romper aguas fue el paso siguiente y me bajaron a la sala de dilatación para comprobar si estaba de parto y cuanto había dilatado.

Segunda parte: Dilatación

Las contracciones eran cada 5 minutos, pero solo había dilatado 3 cm, así que me monitorizaron durante un tiempo para comprobar que el bebé estuviese bien. La ventaja de estar acompañada de un marido-ingeniero es que en seguida se hizo con el funcionamiento del aparato y me iba cantando la intensidad de las contracciones y lo más importante cuando comenzaban a perder intensidad.

Consejos para primerizas: Lo más importante es que la persona/as que os acompañen en este momento sean aquellas capaces de calmaros, algo que hay que tener muy claro previamente.

Entre contracción y contracción intentaba relajarme, respirar hondo pensar en otras cosas pero cada eran más intensas y seguidas. Las respiraciones aprendidas en las clases preparto, las olvidé y tuve que pedirle a mi matrona que me dijera como respirar.  No se si fue el efecto de las prostaglandinas, pero en 45 minutos o más concretamente 7 contracciones intensas, comenzaron las ganas de empujar.

Las primerizas tenemos fama de quejicas, exageradas y aprensivas. Por eso no me hicieron mucho caso durante la dilatación y nadie esperaba que todo fuese tan rápido, pero cuando comenté que tenía ganas de empujar y que sabía que no podía hacerlo si no estaba dilatada, porque me haría daño, pero mi preocupación era hacer daño al niño. Cuando comienzan las ganas de empujar intentar no hacerlo es prácticamente imposible. Perdía la concentración en las respiraciones y empujaba sin querer, maldiciendo por creer que estaba haciendo daño al bebé. Así que echaron un vistazo y oh sorpresa!! Dilatación completa.

Lo malo que tienen las contracciones de dilatación es que tienes que pasarlas, sufres el dolor de forma pasiva. Cuando me dijeron que ya podía empujar me sentí liberada, por fin podía hacer algo. Aunque había pedido la epidural, ya era muy tarde para que me la pusieran. Estaba tumbada en la cama agarrada a la mano de Miguel y lo que me dijeron fue que me pusiera en la postura que quisiera- mejor sal de la cama y ponte de pie o sentada, ¿te traemos la pelota?- no entendía lo que pasaba, hasta que Miguel se acercó y me dijo al oído- Ana ¿te das cuenta que vas a tener el parto que querías?– así que me puse en pie, me agarré a la cama y empujé con todas mis fuerzas….

Mala idea!! Con el esfuerzo no salió el niño pero mi intestino comenzó a vaciarse. Creo que nunca en mi vida he pasado más vergüenza, allí estaba diciendo: Perdón, perdón, tierra trágame!! Me limpiaron y seguimos…

La matrona que me tocó en suerte era una jovencita que respondía muy calmada y con muchos datos a mis preguntas, cogía un espejo de mano y se ponía de rodillas agachada para ver como dilataba la vagina al empujar o si se veía la cabeza del niño. ¿Creéis que un médico cincuentón podría haber hecho lo mismo?

En aquel momento era la única parturienta así que tuve 3 matronas atendiéndome, se acercaba el momento final.

Tercera parte: Expulsivo

Estaba usando una banqueta entre las contracciones, y me ponía de pié cuando llegaban. Pero el dolor cambió a escozor justo en el momento final. Me asusté y pregunté si era normal, reconozco que retrasé el momento final al asustarme pero aquello quemaba como si alguien me pusiera una antorcha entre las piernas. Con media cabeza fuera, no llegaba la contracción final, pasaron unos momentos que me parecieron eternos.

Solo me dije que daba igual el dolor, el escozor o lo que pasara, no era momento para dudas ni para echarme atrás. Me dijeron que sería mejor si me recostaba, me senté en la banqueta, una matrona se sentó detrás de mi, otra me agarraba las manos justo delante y otra esperaba arrodillada a que saliera el bebé.

Solo hizo falta empujar una vez más y salió, sin pausas salieron cabeza, cuerpo junto con un montón de líquido y sangre. Me pusieron en el pecho un bebé caliente mojado enorme y largo, muy largo. Recuerdo que lo que pensé primero fue: Madre, que grande es!! ¿Pero cómo podía estar este bebé tan grande dentro de mi barriga??

Por lo que hemos hablado, su padre pensó lo mismo. 3,700 kg y 53 cm, eran las 23.20 horas del 17 de abril. Bienvenido al mundo Oliver!!

17 abril

Bienvenido!!!

Cuarta parte: Posparto

Pero las sorpresas no terminaron ahí, dejaron al niño en mi pecho me desabrocharon el camisón y lo pusieron cerca del pezón para que comenzasen a mamar. Oliver venía con la lección aprendida.

Tenía preparada una charla sobre lo conveniente de retrasar el momento del corte del cordón, pero no hizo falta. Nos dejaron un ratito conectados y tranquilos mientras limpiaban y recogían la habitación.

Papá cortó el cordón y vino el momento de retirar la placenta. Me pusieron un suero de oxitocina y comenzaron a tirar del cordón, a la vez que comprimían mi barriga, la placenta salió con una expiración y la matrona la levantó para mostrarnos la bolsa  que había guardado al bebé, la clase de fisiología fue muy interesante. Extrajeron sangre del cordón y comenzaron a coserme.

No tuvieron que someterme a una episotomía pero sí tuve un desgarro. 18 días después, aún no está cerrado del todo, pero me da igual, mereció la pena poder parir como lo hice. Aunque tuve pesadillas las 2 noches siguientes, repitiendo el parto cada vez que cerraba los ojos.

Dicen que las mujeres nos enamoramos de nuestros bebés al parir. En mi caso de quien me volví a enamorar fue de mi señor marido. Mientras estaba pasándolo mal, él no dejó de tranquilizarme, me daba espacio durante las contracciones y me reconfortaba entre ellas. Se que todo hubiera sido peor si no hubiera estado allí. Y tengo la sensación de haber tenido un parto especial debido a las personas que me ayudaron, no se imaginan lo agradecida que les estoy.

Yo que me creía estéril unos años atrás, ahora dudo en tener más hijos. En parte porque me daría mucha pena tener un parto diferente al que he tenido….

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