¿Son todas las grasas saturadas iguales? NO, el aceite de coco es la excepción

Las características bioquímicas del aceite de coco son únicas, muchos “profesionales” de la dietética y la nutrición siempre nos advierten que son grasas saturadas y hay que mantenerse alejados de ellas y, hasta que las cosas cambien (que ya están cambiando), a los que más insisten en su discurso contra las grasas saturadas es a personas que no tienen vesícula o que sufren trastornos gastrointestinales. Los profesionales se equivocan al dar esos consejos, veamos porqué:

– El aceite de coco es 100% grasa de la que el 85% son grasas saturadas, cierto

– Más del 65% de sus grasas están en forma de ácidos grasos de cadena media (MCT) lo que significa de 8 a 14 átomos de carbono.

Su perfil lipídico es el siguiente:

  • 49% de ácido laúrico (12:0)
  • 8% ácido caprílico (8:0)
  • 7% de ácido cáprico (10:00)
  • 2% de ácido esteárico (18:0)
  • 6% ácido oleico (18:1)
  • 2% de ácido linoleico (18:2)

Este tipo de ácidos grasos saturados convierten a la grasa del coco en una sustancia muy estable ante la oxidación y cualquier daño por calor. Lo que la hace una grasa ideal para cocinar.

El ácido laurico tiene propiedades antimicrobianas, ayuda al sistema inmunitario a realizar sus funciones, es una de las razones por las que además de en el coco esté presente en la leche materna.

Fisiología – Dentro de tu cuerpo

La grasa del coco no necesita descomponerse en moléculas más sencillas para que nuestro organismo pueda disponer de ellas, sino que pasan directamente al hígado a través de la vena porta y no necesita de carnitina para introducirse en las mitocondrias celulares.

No se usa bilis para digerirla por lo que es la grasa más indicada en personas sin vesícula.

Fisiología – Enfermedad cardiovascular

No es cierto que las grasas saturadas produzcan enfermedades cardiovasculares o derrames cerebrales.

Esto que digo se demostró en el último estudio de revisión (meta-análisis) de la revista American Journal of Clinical Nutrition con fecha enero 2010 y examinando los datos de casi 350.000 personas durante 23 años no se halló relación entre la ingesta de grasas y un mayor desarrollo de enfermedades.

La grasa del coco tiene efectos antiinflamatorios, eleva el HDL y el IL-1, lo que mejora el perfil lipídico sanguíneo. Al consumir este tipo de grasa disminuyen las citoquinas proinflamatorias (IL-6) y se mejora la sensibilidad a la insulina.

grasa de coco

Fisiología – Ayuda en la pérdida de peso

Al contrario de lo que se pueda pensar la grasa del coco tiene aproximadamente un 2,6 % menos de calorías por gramo (100kcal por kilo) que otras grasas. No es una gran diferencia pero cuenta.

Produce mayor sensación de saciedad y un nivel de energía más estable y continuo, factores que ayudan a mantener una dieta de adelgazamiento durante más tiempo. Si tienes hambre y te sientes «bajo», vas a comer hasta que te sientas mejor… así se arruinan muchos planes de “hacer dieta”

Si te sientes falto de energía tomar dos cucharadas de aceite de coco hará que notes más energía y salgas del letargo. También hazlo en caso que necesites “algo dulce”…

– Aumenta en mayor medida la termogénesis postprandial comparada con otras grasas o aceites.

Debido a su estructura molecular y a las rutas metabólicas que usa, es una grasa que consumimos (quemamos) con más facilidad y que resulta más difícil de almacenar.

Hace algún tiempo escribí un artículo diciendo que el aceite de coco podría incluirse en una dieta de adelgazamiento, funcionando mejor que si te tomaras un suplemento, lo lees pulsando aquí.

Fisiología – Alzheimer

Relacionado con la mayor sensibilidad a la insulina por parte de los tejidos, también se mejora el metabolismo de la glucosa en el cerebro lo que beneficia a las personas con Alzheimer (diabetes tipo3) ayudando a que el cerebro use cetonas como fuente de energía, se mejora la actividad mitocondrial de las neuronas.

Si te has dado cuenta, el coco y sus derivados son mucho más que unas grasas saturadas de las que alejarse. 

Más información:
DebMandal M, Mandal S. Coconut (Cocos nucifera L.: Aracaceae): in health promotion and disease preventionAsian Pac J Trop Med. 2011;4(3):241-247.
Nagao K, Yanagita T. Medium-chain fatty acids: functional lipids for the prevention and treatment of the metabolic syndrome. Pharmacol Res. 2010;61(3);208-212.
Enig MG Know Your Fats: The Complete Primer for Understanding the Nutrition of Fats, Oils, and Cholesterol. Bethesda, MD: Bethesda Press; 2000.
Henderson ST. Ketone bodies as a therapeutic for Alzheimer’s disease. Neurotherapeutics. 2008;5(3):470-480.
Maalouf M, Rho JM, Mattson MP. The neuroprotective properties of calorie restriction, the ketogenic diet, and ketone bodies. Brain Res Rev. 2009;59(2):293-315.
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