Aire fresco y luz del sol: tratamiento para infecciones

“Muchas infecciones comunes dejarán de tener cura y podrían volver a matar. La existencia de cepas de bacterias resistentes a los antibióticos representa una de las amenazas más graves de la medicina moderna” es una frase del informe de la OMS donde se habla de la importancia de hacer frente a la creciente resistencia a los antibióticos que algunos patógenos están desarrollando, pudiendo llegar al extremo de que las muertes por infección en los países desarrollados podrían volver a niveles de principios del siglo XX.

Urge encontrar alguna forma de hacer frente a las infecciones, buscar estrategias diferentes a las actuales sin tener que temer los efectos secundarios de su uso. Y tratar de no caer en el abuso que de los antibióticos hemos hecho en el pasado tanto en el ámbito médico como su mal uso en la producción animal.

resistencia a antibioticos

Soluciones simples y efectivas pueden estar en nuestro pasado reciente:  

En la guerra de Crimea la mayor parte de soldados morían en los hospitales victimas de la falta de recursos y el caos en el departamento médico británico. Casi el 80 % de los soldados ingresados en estos hospitales murieron de infecciones por estar en los hospitales, y no de sus heridas originales. Florence Nightingale fue una enfermera que consiguió que hubiese menos muertos con métodos tan poco ortodoxos como ventilar las habitaciones donde se hacinaban a los enfermos, tras darse cuenta que en las salas donde las bombas habían roto los cristales morían menos enfermos.

Ventilar las habitaciones conseguía menores concentraciones de microorganismos, el cambio de temperatura al estar en pleno invierno también mataba gran parte de las bacterias 

Antes de que el uso de antibióticos fuese común, a los enfermos de tuberculosis se les trataba con descanso, buena comida y luz solar. La luz del sol no solo mataba bacterias que pudiesen estar en el aire o la piel, hoy sabemos que uno de los mayores beneficios de la luz del sol sobre la piel es que estimula la síntesis de vitamina D que es necesaria para un correcto funcionamiento del sistema inmune.

A finales del siglo XIX las clínicas del sol que colocaban las camas en galerías acristaladas y contaban con amplios jardines donde los enfermos podían pasear estaban a la orden del día. Más adelante desarrollaron lámparas que simulaban la luz del sol. Las lamparas se han perfeccionado y es muy habitual su uso en los países nórdicos

lamparas para polio

El aire fresco y la luz del sol pasaron al olvido tras el descubrimiento de la penicilina por Alexander Fleming. A partir de entonces cada vez que surgía una enfermedad infecciosa se elaboraba un antibiótico a medida y solucionado el problema.

Hoy en día los hospitales son uno de los principales focos de resistencia bacteriana y cada vez es menos extraño infectarse al acudir a un hospital ya sea de visita o al estar ingresado. Los hospitales más modernos cuentan con ventilación mecánica que hace más fácil la contaminación y persistencia de microorganismos en el ambiente.

Obviamente prevenir infecciones en pacientes susceptibles de ser infectados es siempre más fácil que curarlos

La estrategia a seguir debería tener en cuenta las lecciones del pasado. Tomar más en cuenta nuestro propio sistema inmune y las debilidades propias de los microorganismos. Tratar que el diseño arquitectónico de los hospitales juegue a favor y no en contra de las personas y tal como escribió Florence Nightingale “No tengáis miedo de abrir las ventanas”

nightingale

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