¿Por qué los humanos no debemos comer como los grandes simios?

Respuesta corta: porque nuestro sistema digestivo y el suyo son muy diferentes.

A la hora de plantear argumentos “nutricionales” que justifiquen ideas preconcebidas sobre la dieta que sería más adecuada para las personas, nos podemos dejar llevar por aquello que parezca más “lógico” o por quien tenga una verborrea más apasionada (cree en su propio cuento) y nos convenza sin apenas datos pero con mucho “sentido común”.

Eso es lo que me sucede, a veces, con quienes quieren convencerme que, por descender del mono (eso de descender es muy matizable) y que nos parezcamos anatómicamente, o intentemos ver humanidad en la mirada, actitudes y gestos de los grandes simios, sean estas razones suficientes para justificar que la dieta ideal para los humanos sea la misma que siguen  gorilas, chimpancés, orangutanes..etc.
Compartir aproximadamente el 98% de nuestro ADN tampoco es razón suficiente.

Lo primero que tendríamos que aclarar es que la dieta de los simios no es solamente vegana (frutas y plantas) sino que insectos, huevos y pequeños animales también tienen su espacio en su pirámide nutricional.

Aunque lo realmente importante para aclarar la cuestión de si debemos comer como ellos o no, es tan fácil como fijarnos en el funcionamiento y estructura de su sistema digestivo y el nuestro.

En el libro de Denise Minger “Death by food pyramid se hace mención a un trabajo de la antropóloga de primates Katharine Milton especializada en fisiología digestiva y hábitos alimenticios de humanos y primates. Relacionando los cambios y adaptaciones que durante la evolución hemos padecido (?) y que actualmente harían que nuestro sistema digestivo estuviera más cerca del de un carnívoro que de un herbívoro.

Dicen que una imagen vale más que 1000 palabras, pues con esta se acaba la discusión:

partes de intestino en primates y humanos

Si nos fijamos en los humanos más de la mitad del volumen total del tracto intestinal es intestino delgado y menos de la mitad es colon. Los simios en cambio tienen un colon mucho más voluminoso y un intestino delgado que es casi la mitad. Sabiendo esto solo nos queda conocer como se relaciona el tamaño del tracto intestinal con la dieta del sujeto.

– En el intestino delgado se produce la digestión química y absorción de nutrientes.
– En el intestino grueso el material no digerido previamente, es fermentado por las bacterias intestinales y se absorbe agua antes de expulsar las heces. 

Los humanos absorbemos la mayor parte de nutrientes en el intestino delgado, eso significa que necesitamos que estén disponibles tras la digestión sin necesidad de que la flora intestinal fermente y descomponga el alimento. Los primates por su parte, lo que van a tener es muchísima flora intestinal capaz de digerir y fermentar fibras vegetales y extraer de ellas vitaminas, ácidos grasos y calorías nutritivas durante el tiempo que el bolo alimenticio pase en su largo y voluminoso colon.

Los humanos también podemos fermentar y extraer nutrientes de algunas fibras en el colon, dependiendo de características genéticas, pero es una cantidad mucho menor y menos eficiente. Es por ello que no podemos imitar las dietas de los primates, dependemos de la pre-digestión o pre-tratamiento (cocinado) de la mayor parte de nuestros alimentos que hacen más fácil asimilar los nutrientes.

Y con esto quiero decir que: no se trata de comer solo carne, como sí se trata de que es muy difícil mantener la salud a largo plazo si solo comemos frutas y verduras. Finalmente asumimos que cocinar nuestros alimentos es lo que nos hizo humanos. 

Más información:

Nutritional Characteristics of Wild Primate Foods: Do the Diets of Our Closest Living Relatives Have Lessons for Us?

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