Situaciones sociales que nos hacen comer de más y como manejarlas (2 de 2)

Este artículo es la continuación de otro que puedes leer aquí

A veces nosotros mismos somos los peores obstáculos, darse cuenta de ello, es la única manera para anteponer nuestras necesidades y lo que nos conviene.

me lo como todo

¿Eres un camaleón?
El efecto camaleón es algo que ocurre en algunas personas cuyos gustos se adaptan a la situación que viven y dependiendo de con quien coman. Suelen ser personas complacientes a las que no les gusta la soledad, y que son fácilmente influenciables.

El ejemplo más claro, que ahora mismo recuerdo, es la película “Novia a la fuga”. Richard Gere hizo ver a Julia Roberts que en su afán por hacer feliz a sus parejas comía exactamente lo que ellas comían.

En este caso no hay más solución que reconocer, asumir la realidad y de nuevo adelantarte, pedir antes de que lo hagan por nosotros, y evitar situaciones peligrosas. Se trata que tu primer plano sea más importante que el fondo de cualquier relación.

El amor engorda. (1)
Es una situación muy común entre las parejas cuando se van a vivir juntas. Ganan o pierden peso en la misma proporción y es cierto que no se puede generalizar, a veces solo uno de ellos engorda o solo uno pierde peso.

La razón reside en que hábitos, rutinas y comportamientos se comparten a la vez que horarios y alimentos. La comida en este caso no solo es una actividad placentera, también es una actividad que une.

Es prácticamente imposible mantener el tipo de comportamiento alimentario que teníamos antes de ser una pareja. De forma sutil cada compra es un consenso o batalla y habitualmente gana el que menos cede, pero si todas la noches acabas cenando bocadillos, es hora de tomar el control.

No se trata de cambiar al otro de un día para otro, ni convertir la relación en una guerra por el control de la comida, simplemente es necesario darse cuenta que cada uno tiene sus prioridades. Tu prioridad es comer lo que te conviene.
Olvida el resto, eres su pareja no su tutor/a.

Sé su modelo. No impongas tus ideas, síguelas y es posible que llegue el día en que tu pareja haga lo mismo que tú porque imite tu comportamiento. Tu pareja también quiere agradar-te.

Ignora lo malo, alaba lo bueno. Es una máxima a la hora de domesticar animales y aunque suene muy fuerte, los hábitos alimentarios al no ser innatos se rigen por la misma máxima.

Busca el nexo de unión. Reconozco que no me gustan las judías, son muy amargas pero a mi marido le encantan, así que cuando las comemos les echo nata y nuez moscada. A él le siguen gustando y yo así, sí puedo comerlas.

Plantea retos o competiciones. Propios o conjuntos, busca reinterpretar recetas que incorporen ingredientes que no coma habitualmente. Muchas personas con los ojos cerrados son incapaces de decir qué están comiendo, es un buen ejercicio para demostrarles que comen por costumbre no porque no les gusten otros alimentos.

Cocina a capas. Puede que él/ella no soporte el aguacate y tú no puedas con las judías, pero podéis compartir la carne o el pescado. A la hora de cocinar la base o lo que lleve más tiempo debería ser ingrediente común y que cada uno escoja otros, desde luego no lleva tanto tiempo como hacer dos platos.

dos comidas una pareja

¿Por qué estás sentado/a en la mesa? = ¿Qué quieres demostrar?

Cuando por razones sociales (horarios) y no físicas (hambre) nos sentamos a una mesa es necesario mantener la cabeza fría y negociar entre el fondo y el primer plano, es decir, equilibrar lo que la comida significa para ti, la cantidad que necesitas para saciarte, su sabor y tus gustos con lo que la situación social significa, intimidad, alegría, compromiso… etc. como en una cena romántica, boda o cena de navidad. La ocasión nunca debe ser una excusa para comer de más.

La abuela puede demostrar su amor haciendo croquetas/torrijas y tu sentir la necesidad de comerlas todas porque hace mucho que no la ves y así le demuestras cuanto la quieres. Pero el amor es cosa de poetas, y francamente es mejor que le digas cuanto la quieres y lo mucho que la echas de menos, que las croquetas/torrijas están buenísimas pero que prefieres salir a dar un paseo juntas que verla amasando 2 horas en la cocina.

Cuando comemos con otras personas tendemos a imitar no solo las elecciones, también la velocidad e incluso la cantidad de comida en cada bocado, es un mecanismo que funciona de forma inconsciente al igual que los bostezos. (2)

Para evitar dejarnos llevar por la situación, podemos hacer una pausa, analizar el fondo y el primer plano y volver a comer esta vez a nuestro ritmo y en la cantidad que queremos.

Decirlo en voz alta puede ser liberador: “¿Qué pasa, por qué estoy comiendo tan rápido?” Respira hondo, bebe un poco de agua y comienza de nuevo siendo tú quien controle la situación y no al revés.

Cuanto más a menudo te centres en distinguir el fondo del primer plano, más fácil será dominar este tipo de situaciones.

¿Cómo te sientes cuando estás en la mesa?= ¿Por qué estás comiendo?

Por deseo de agradar (3)
Ya sea al seguir al grupo o por querer integrarse, quienes quieren agradar suelen comer mayor cantidad y cualquier alimento a disposición aunque no sean los que elegirían cuando están a solas. Adelántate y pide primero, por una vez que los otros te sigan a ti.

Mi mordisco, nuestro mordisco

Un juego divertido puede ser centrar la atención en cada bocado que comemos, lo como porque YO QUIERO COMERLO o lo hago porque otro/a me insta a hacerlo. Si no tienes hambre y sigues comiendo, no eres tú quien come. Para, deja los cubiertos y dale charla a tus acompañantes.

Por nervios

Si te das cuenta que estás comiendo rápido y sin control, levántate y ve al baño. Y hazlo las veces que sea necesario. Lávate las manos y relájate antes de volver a la mesa. Es una orden!!

Por soledad (4)

A veces podemos estar rodeados y sentirnos terriblemente solos/as, la comida puede ser un sustituto perfecto, algunas comidas nos hacen volver al hogar, a la infancia, a un momento feliz. No es la comida, es el recuerdo.

Aceptar la situación y tus sentimientos es el primer paso. Luego quedaría pedir ayuda contarlo o escribir sobre ello. Solo otras personas ofrecen compañía, el bocadillo de nocilla solo triglicéridos altos y kilos de más.

Por alegría

Basta que estemos celebrando algo, pasándolo bien para sentirnos bien y querer que esa sensación dure. En estas situaciones la comida está presente y a veces comer es la mejor manera de alargar la sensación.

Al principio la comida aumenta la felicidad, pero según vamos comiendo la felicidad desaparece e incluso puede pasar a ser algo incómodo. No te dejes llevar.

Por competitividad

Puedes competir con otros o contigo mismo, a la hora de terminar el plato, de terminar primero, de comer más que nadie… lo que te motiva a hacerlo solo lo sabes tu. Y la satisfacción que consigues al hacerlo es la clave. Si tu personalidad es competitiva va a ser complicado evitar este comportamiento, porque tu primer plano forma parte de ello. Para solucionarlo tienes que identificar el problema y hacer lo posible por evitar dicha situación.

-Lista de imprescindibles:

– Antes de empezar a comer observa la situación de manera objetiva
– Escoge el mejor sitio y la mejor compañía, mantén lejos a los obstáculos
– Identifica los motivos por los que vas a comer
– Si estáis en un restaurante, pide la comida y la bebida antes que nadie. Evita mirar la carta y pide directamente al camarero/a.
– Cuando llegue la comida y antes de empezar a comer valora del 1 al 4 el hambre que sientes y actúa en consecuencia.
– Se consciente de la velocidad a la que estás comiendo, haz una pausa si estás comiendo rápido.
– Antes de comer algo que sabes que no debes, imagina que ya lo has comido, y cómo te sientes, la satisfacción durará poco, y conoces lo que viene después.

Como resumen se puede decir:  la única forma para manejar las situaciones sociales en las que comemos mal o de más, es centrarse en lo social y menos en la comida.

 

Referencias:
1. C. F. Bove, J. Sobal, and B. S. Rauschenbach, “Food Choices Among Newly Married Couples,” Appetite 40, no. 1 (February 2003): 25–41,
2. R. C. J. Hermans et al., “Mimicry of Food Intake: The Dynamic Interplay Between Eating Companions,” PLOS ONE 7, no. 2 (2012): e31027,
3. J. J. Exline et al., “People-Pleasing Through Eating” Journal of Social and Clinical Psychology 31, no. 2 (2012): 169–93,
4. J. D. Troisi and S. Gabriel, “Chicken Soup Really Is Good for the Soul,” Psychological Science 22, no. 6 (June 2011): 747–53,
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  • Paloma Batanero

    Ana, qué buen análisis, me ha encantado!

    Hablando de parejas, por fin conseguí hacer entender a mi chico que tiene que cuidarse físicamente. Ha empezado a compartir las sesiones de entrenamiento conmigo (con lo que acabamos antes porque nos ayudamos a cambiar los discos de las pesas y a colocar todo, además disfrutamos de esos momentos juntos, que tenemos poco tiempo libre), y ha dejado de comer lo que no le conviene por agradar al anfitrion (madre, suegra, amigos…) o a los comensales. Tampoco protesta si la cena es low carb. Llevamos desde antes del verano y ya se le nota un montón.

    Me ha costado años de discusiones, pero es que tampoco lo exponía bien. Yo atacaba y él se defendía. Cambié el discurso: Expliqué que para mi la salud física y la autogestión del cuerpo era muy importante, que cuando se descuidaba sentia que me estaba descuidando a mi, que dejaba de ser mi pareja para ser mi hijo (y yo regañarle). Es algo muy habitual en las parejas que con el paso del tiempo se tome una posición madre-hijo, en lugar de mujer-hombre, y el problema es por ambas partes: Las mujeres, porque hemos aprendido de nuestras madres a “cuidar” a los maridos y los hombres, porque se dejan “cuidar” (es muy cómodo). No os habéis fijado que la queja habitual de las mujeres es “no me hace caso” y la de los hombres es “no me deja en paz”? Si cada uno tomara la posición que le corresponde, de personas adultas responsables y tratáramos al otro como tal, esperando que sea capaz de hacer las cosas, y explicando en lugar de regañar, esto no ocurriría.

    Bueno, me he ido po las ramas, por si a alguno le es útil :)

    • http://www.megustaestarbien.com AnaMuniz

      Yo solo puedo decirte que las chicas listas le damos 20 vueltas al tema pero al final nos salimos con la nuestra. Y nuestros maridos se benefician doblemente. Me alegro que hayas conseguido traerle al redil.
      Y sí tienes razón que las madres a veces tenemos más hijos de los que concebimos.. mal mal mal

  • http://www.megustaestarbien.com AnaMuniz

    Gracias Beatrix, nos sucede a todos, tristemente es así y no hay que bajar la guardia. Porque a menudo la presión social, familiar es más fuerte que la propia voluntad

  • Candy

    Toda mi familia sabe que cosas no como y lo respetan, porque cada día me ven mejor. Y cuando vienen a casa se lo pasan pipa, porque siempre me ha gustado cocinar y sigo haciéndolo pero evitando legumbres, cereales. Y como siempre doy la brasa con los ingredientes, saben que lo que van a comer es lo más saludable que puedo conseguir. Eso sí, ellos vienen con el pan debajo del brazo, y se van con él si sobra algo. Y en cuanto a los restaurantes, yo pido lo que quiero, no me cuesta nada, pero si que miro la carta, el otro día comí en un restaurante al que nunca había ido, parrillada de verduras de su propia huerta y carne de buey, cerdo y ternera a la piedra…¡de muerte! Obviamente pedí que me pusieran en un tupper lo que había sobrado y lo comí al día siguiente. Las otras 2 personas que venían conmigo se pusieron moradas a croquetas, frituras variadas, cachopo y un hermoso (a la vista) trozo de tarta. Yo, de postre, café. Después de comer, hubo que ir a una cafetería para volver a sentarse porque no podían ni con su alma.

    • http://www.megustaestarbien.com AnaMuniz

      Hay gente que si lee la palabra canelones o pizza empiezan a salivar, no es tu caso ni el mío, pero para los que se están desenganchando cuantas menos tentaciones mejor.
      Tu eres una chica con carácter y determinación, por eso has llegado donde estás 😀 jejejeje

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