
Lo que normalmente compramos como harina de almendra es almendra cruda molida, las grasas presentes en la almendra son en su mayoría monoinsaturadas (32.3g en 100g) poliinsaturadas (12.1g por cada 100g) y tienen muy poca grasa saturada (3.9g por cada 100g) lo que significa que tiene un gran aporte de omega 6 (12053 mg en 100g) pero también son muy ricas en fibra
El problema de este tipo de grasas (monoinsaturadas) es que al calentarse por encima de 120ºC se oxidan y además perdemos las vitaminas que contienen como la Vitamina E (Alpha Tocopherol) de la que contienen 24.7 mg en 100g
También puede ser simplemente que el sabor de la almendra no sea de nuestros favoritos. Aprovechar la almendra molida y hacer una harina que nos permita hornear sin preocupaciones es tan fácil como añadir agua a la almendra molida, en cantidad suficiente como para que tengamos un dedo de agua por encima del volumen de la almendra y calentar ligeramente, sin que llegue a hervir.

Con la ayuda de una batidora podemos batir la mezcla para que se suelte mejor la grasa de la almendra y obtener una fibra final mucho más suelta.
Una vez colamos el agua y la grasa, es decir la leche de almendra, lo que nos queda es la fibra de la almendra que ya no contiene grasa y que podemos hornear sin que se oxide.
Como estará humedecida debemos ponerla en una bandeja de horno y a muy baja potencia con calor solo abajo secarla, puedes usar el calor residual que queda después de haber horneado algo, será suficiente.

Al final lo que obtenemos es un harina o fibra de grano muy fino que funciona perfectamente para una gran cantidad de recetas, podemos almacenar por largo tiempo y aporta un suave sabor dulzón que ayuda a reducir la cantidad de edulcorante en las recetas dulces.
Y por supuesto es una harina que pueden usar las personas que están preocupadas por su peso.
Simplemente hornea y disfruta!!
