Estar bajo presión desde el mismo momento en que despertamos por la mañana sin haber salido de cama es una tremenda carga para el cuerpo y se paga con un alto precio sin darnos cuenta. Comer rápido y mal, comidas altamente procesadas, mala calidad del aire que respiramos, luz artificial constante y hasta altas horas de la madrugada, además de dormir pocas horas, muchas menos de las que en realidad necesitamos, desequilibra las exigencias físicas y mentales que pedimos a nuestro cuerpo sin dar ocasión a la obligatoria recuperación.
Cuanto más estresada sea tu vida diaria con un estrés mantenido a lo largo del tiempo y cuanto peores sean tus hábitos con referencia al estrés y más te alejes de vivir a un ritmo más relajado, peor será la calidad y cantidad de tus hormonas.

Las glándulas suprarrenales están situadas en la parte superior de cada riñón y producen diferentes hormonas, todas ellas imprescindibles como pueden ser las hormonas sexuales, adrenalina y cortisol que es la respuesta al estrés que nos mantienen alerta y con energía durante todo el día.
Las glándulas suprarrenales cambian su tamaño durante tu vida. En el séptimo mes de desarrollo del feto, las glándulas son más o menos el mismo tamaño de los riñones. Al nacer, las glándulas se han reducido ligeramente, y seguirá haciéndolo durante toda la vida. En el momento en que una persona llega a la vejez, las glándulas son tan pequeñas que casi no se ven.

Un organismo sometido a estrés constante afecta a las restantes hormonas, se inhibe la función tiroidea, se deteriora el sistema nervioso, las digestiones se vuelven difíciles y debilitamos el sistema inmunitario lo que nos hace más susceptibles de enfermar. Tenemos antojos de determinados alimentos, cambios de humor y aumentamos de peso. Y todo ello se revierte en cuanto, durante algún tiempo, dormimos lo suficiente y conseguimos controlar el estrés.

Glándulas suprarrenales y picos de insulina
La relación entre una mala dieta con alimentos altos en azúcar y carbohidratos refinados y las glándulas suprarrenales reside en que una vez has tenido el pico de glucosa, nuestro páncreas segrega insulina para equilibrar esa cantidad de glucosa a un nivel normal, pero la insulina que segrega no es una cantidad exacta, porque puedes seguir comiendo o metabolizando azúcares y eso tu páncreas no puede adivinarlo. Así que puede pasarse de insulina lo que significa que bajarás el nivel de glucosa a un nivel que tu organismo se ve obligado a responder es lo que se llama hipoglucemia reactiva. Una vez presentas esa hipoglucemia necesitas glucosa y es cuando las glándulas suprarrenales entran en acción segregando cortisol para estimular la producción de glucosa en el hígado.
La solución es dormir y comer bien
Muchos ante un cansancio crónico se enganchan a estimulantes como la cafeína, azúcares o practican ejercicio de forma compulsiva y con ello empeoran aún más las causas de su fatiga. Una dieta por muy perfecta que sea no puede competir con un estilo de vida insano con pocas horas de sueño y muchas horas de estrés.
Pero sobre todo:

