Vamos con la tercera ( 1 y 2) y última parte de los artículos dedicados a demostrar como el conteo de calorías es habitualmente absurdo, científicamente erróneo y un trabajo de lo más inutil a la vez que complejo. Poca (o ninguna) ventaja puede proporcionar a quien se empeñe en usarlo como técnica de adelgazamiento.

A los que tienen la matemática como bandera les costará entender que dos personas pueden tomar la misma cantidad del mismo alimento, con el mismo número de calorías y no obtener el mismo aprovechamiento calórico de esa comida. Y esto sucede en parte porque los humanos somos similares pero no iguales, pongamos un ejemplo, la longitud del intestino normalmente depende de la raza y la altura de la persona, las personas que pertenecen a razas de mayor tamaño (eslavos) suelen tener hasta 2 metros más de intestino, que las personas que pertenecen a razas de menor tamaño (asiáticos), significa que a mayor tamaño de intestino más aprovechamiento de los alimentos.
Y no solo la longitud la composición del sistema digestivo es importante en el conteo de calorías. Las personas que pertenecen a poblaciones que consumen gran cantidad de alimentos con almidón tienden a producir más amilasa, enzima que descompone el almidón. Estas personas absorben y aprovechan mucho más que otros, las calorías de los almidones que incluyen en su dieta. Algo parecido sucede con la lactosa, aquellas personas que no producen la cantidad necesaria de lactasa no pueden digerir las calorías de estos azúcares, aparte de que les produzca diarreas.

Los estudios de flora intestinal normalmente se basan en estudios de heces, con lo que solo estudiamos bacterias muertas, sin saber realmente que pasa con las vivas y porque han muerto las que aparecen en nuestras heces. Mucho queda por saber y descubrir pero ya se conocen que las diferencias entre diferentes tipos de microbiotas afectan a la forma en que se digieren los alimentos en función de los microbios que poseen.
Por ejemplo en algunas poblaciones de Japón tienen un microbio en sus intestinos que ha robado genes de una bacteria marina y que les permite descomponer los azúcares de un alga marina habitual en su dieta y así aprovechar sus calorías.
Nuestra flora se ve afectada por lo que comemos, al igual que lo que comemos afecta o no a nuestra flora intestinal, si somos incapaces de digerir algún alimento en su totalidad es nuestra microbiota la encargada de hacer el trabajo. Y es bueno que trabaje, por ello comer alimentos que no estén altamente procesados evita una flora intestinal que sin alimentos que procesar o en presencia de pocos nutrientes a fermentar puede generar proliferación de determinadas bacterias que desequilibren la balanza de equilibrio intestinal (candidiasis).
Intenta en lo posible comer alimentos nutritivos, crudos o cocinados pero no excesivamente procesados o refinados y haz de ellos la base de tu dieta. Aprovecha sus vitaminas (en especial las del grupo B), minerales y fitonutrientes, pierde peso mientras las digieres y olvida la estupidez de contar calorías, nunca harás un cálculo exacto y no son importantes, es mucho más importante que tus calorías provengan de alimentos que te benefician.
