Ayer me pasé el día en la sala de urgencias de un hospital. Ante las horas perdidas y sin cobertura en el móvil me dediqué a hacer estudios demográficos de la gente que había en la sala, por una parte es lógico que hubiese más personas con obesidad porque esta complica cualquier otra enfermedad que puedas padecer, además me fijé que es fácil saber que personas conviven y comen juntas porque, salvo casos inusuales, suelen presentar el mismo grado de sobrepeso y obesidad. El resultado entre pacientes y acompañantes es penoso, en 68 personas que por allí desfilaron, incluyéndome a mi misma, un 70% eran personas obesas, no digo con sobrepeso, digo obesas y la diferencia radica en que los kilos de más ya no son solo visibles sino molestos.
Si miramos al personal y solamente al femenino puesto que en la sanidad española hay un porcentaje altísimo de género femenino el tema no mejora, salvo un par de jovencitas con tallas normales el personal que, durante los dos turnos que me tocó padecer, desfilaron ante mis ojos no eran precisamente la imagen de salud que esperas en un profesional de la salud.
Una de las cosas que más aborrezco es la incoherencia, lo siento si eres incoherente con tus principios e ideas no mereces mi respeto. Y consecuentemente uno no puede vender salud si está obeso o fuma, un dentista no puede tener los dientes podridos, ni una dietista obesidad, un médico no puede darte unos consejos que no se aplica, no me vale que en casa del herrero el cuchillo sea de palo.

Hace unos meses el gobierno aprobó la ley que limitaba la venta de bolleria industrial y refrescos en colegios. Está bien primero que reconozcan que grasas trans y azúcares son los causantes de la epidemia de obesidad que afecta a nuestros niños, y mejor aún está que intenten protegerlos de su consumo ¿pero que hay de los enfermos?
Ayer ingresamos por una supuesta «gripe estomacal«, después de seguir el protocolo llegó la hora de probar si el paciente admitía algún tipo de alimento sin vomitarlo, y casi me convierto en Lucifer cuando lo que nos traen son dos yogures naturales y un paquete de galletas maría. Vamos a leer la etiqueta:
Harina de trigo 65%, azúcar, grasa vegetal, jarabe de glucosa y fructosa, gasificantes (bicarbonato sódico y amónico) sal, emulgente (lecitina de soja) suero de leche en polvo 0,11%, antioxidantes (metabissulfito sódico).
Las galletas maría son secas, y llevan grasa vegetal, para que una grasa vegetal se convierta en sólido necesita pasar por un proceso de hidrogenación, que produce grasas trans. Así que a pesar de que no ponga grasas trans en su etiquetado, las empresas no están obligadas, solo con ver grasa vegetal y observar que el producto resultante no está aceitoso sino seco estaremos sin duda ante una grasa trans.
Y el jarabe de glucosa y fructosa, digamos que es una de las sustancias más perniciosas creadas por el hombre. Culpable no solo de la obesidad mundial sino también de muchas otras enfermedades de nuestra época entre ellas la diabetes tipo 2.
Lo sangrante del tema es que estas galletas también se las han dado a un diabético tipo 1 que había ingresado por una hiperglucemia, dar galletas azúcaradas a un diabético es matarlo, dar esta «mierda comercial» a un diabético tipo 1 es lo mismo que pretender quedarte sin paciente. Quizás en nuestro país aún no sepan que esos azúcares no se metabolizan y que la glucosa pasa directamente al torrente sanguíneo, sin presencia de insulina o con un nivel de insulina bajo, por el motivo que sea, estas simple y llanamente matando al diabético. Empeoras su hiperglucemia y le estás produciendo una serie de daños que a la larga afectan a su cerebro, córneas, sistema circulatorio, sistema nervioso…etc.
Entiendo cuando la doctora me dice, «Es que no tenemos otra cosa». De repente entiendo muchas cosas:
– Entiendo que seguramente ella tampoco tenga otra cosa para merendar y entiendo sus kilos de más y también que las compañeras también estén pasadas de kilos merendando galletas en cada turno.
– Entiendo que es conformista y que de su parte nunca partirá la iniciativa para intentar que al igual que en los colegios también se prohíban ese tipo de alimentos en hospitales.
– Entiendo que no podemos esperar a que «papa estado» u otras autoridades velen por nuestra salud, y que seguramente dentro de algún tiempo se prohíban este tipo de productos como ya han hecho en Dinamarca o en California pero mientras estamos desprotegidos.
– Entiendo que más que nunca nuestra salud depende de nosotros mismos, que tenemos acceso a la información y debemos usarla en consecuencia para protegernos.
– Entiendo que los enfermos van a tener que protegerse por si mismos no solo de sus dolencias y de la falta de profesionalidad del personal sino también de la mala alimentación que el sistema sanitario les procura.
– Entiendo que a pesar que tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, también tenemos el sistema sanitario más incoherente. Bienvenidos a Españistán!!!
